El ocio nocturno gay a finales del siglo XIX

HIstoria

Atrás quedan las noches de fiesta, alcohol, travestis y desenfreno. La pandemia, ha conseguido apagar las luces de los locales, en algunas ocasiones para siempre. Pero, no hace mucho existieron los primeros clubes de alterne destinados al colectivo LGTBI+.

Si debemos de hablar de locales de ambiente, hay que mencionar el Paresis Hall en New York. Su nombre, deriva de la palabra “paresia”, nombre dado a aquellos que sufren la locura de la etapa avanzada de la sífilis. El nombre es una broma macabra, ya que la sífilis fue una ETS que asoló el mundo mucho antes de la llegada del VIH. El ocio nocturno gay durante en final del siglo XIX

Chico travestido del Paresia Hall

El local, estuvo situado en Bowery, cerca de Cooper Union y dirigido por James. T. Ellison, un mafioso homosexual que llevaba el club. El edificio donde estuvo situado estaba formado por el propio bar, así como de un jardín de cerveza. Además contaba en los pisos superiores de habitaciones, donde los clientes realizaban todo tipo de fantasías con los chicos del local. Se cree que fue muy popular entre 1890 a 1899, cuando consiguieron que cerrase. Fue objeto de muchas redadas policiales, así como ataques de la iglesia. El ocio nocturno gay durante en final del siglo XIX

Algo muy llamativo fue, que una de estas habitaciones estuvo alquilada de forma permanente por la primera organización en defensa de los derechos de los transexuales, el Cercle Hermaphroditos. Allí, almacenaban ropa de mujer, para que los chicos que quisieran pudieran vestirla, sin ningún tipo de hostilidad o condena por ello.

Pero, el Paresis Hall, no fue el único local de ambiente gay que se encontraba en la gran manzana. Tanto en Bowery, como Bleecker Street, proliferaron los locales de ocio nocturno gay. En la zona de Bleecker Street se hicieron muy conocidos los locales Black Rabbit y Slide, donde se ofrecía show de sexo en vivo y prostitutos masculinos. En Bowery, además del Paresis, se encontraban el Manila Hall y el Little Bucks. Ambos, ofrecían show, comida y espectáculos, todo esto aderezado con prostitutos y sexo. Por último, el Sharon Hotel, fue el más conocido de la zona, hasta la llegada del Paresis Hall. El ocio nocturno gay durante en final del siglo XIX

Acuarela de como podía ser un club gay en el s.XIX y XX

En 1899, un investigador visitó el local y según su relato, los hombres de allí se dedicaban en su mayoría a la prostitución, siendo muy parecido a lo que se veía en locales frecuentados por prostitutas femeninas. Los chicos trabajan sirviendo las mesas, complaciendo a los hombres y entreteniéndolos. Según su informe, muchos de ellos actuaban de forma “femenina”, se maquillaban y empolvaban la cara. E incluso, se llamaban los unos a los otros por nombres femeninos.

Escena de El Alienista, en la que se escenifica cómo podían haber sido los burdeles de aquella época.
Europa

Al otro lado del océano Atlántico, abría en 1917 sus puertas el Hotel Marigny en París. Esta maison estuvo situada en el II Distrito de París y tuvo entre sus clientes, a la crème de la crème de la ciudad de la luz. Uno de sus asiduos, fue el famoso novelista Marcel Proust, el cual frecuentaba locales de ambiente y burdeles gays. Acudía con nombre falso, e incluso hizo un trato con el gerente del Marigny, para poder espiar a los otros clientes a través de una mirilla. De esta forma, podría recabar experiencias e historias que podría plasmar en sus obras.

Marcel Proust

Sin embargo, este tipo de locales no proliferaron en el París de comienzos del s.XX, puesto que era frecuente las redadas y detenciones policiales. Napoleón II, llegó incluso a crear un cuerpo policial destinado exclusivamente a desarticular este tipo de clubes, el groupe des homos. En 1918, se efectuó una redada en el local, donde hallaron un total de 24 menores y 24 hombres adultos, entre los que estaba Marcel Proust.

España

España no se queda atrás en esto de locales de alterne LGTBI+. Los cabarets de temática gay fueron muy conocidos en la primera mitad del s.XX, aunque existieran leyes como la de 1928 que penasen los actos homosexuales. No sería hasta el año 1932 con la II República, que se derogará el Código Penal del 28, para legalizar las relaciones homosexuales, siempre y cuando no fuesen dentro del ejército.

Como hemos mencionado, fueron los cabarets, los que dieron un hogar al colectivo. Los más destacados fueron el Café de Levante y el Café del Vapor, ambos en Madrid. En algunos de estos locales, nacieron artistas del transformismo como Edmond de Bries o José Pérez Ocaña (del que os hemos hablado ya). El Salón de Fuencarral vio como Bries se convertía en una gran estrella.

Su ambigüedad causó estupor y sensación a partes iguales, en un país sumamente católico, analfabeto y con muchos prejuicios. Fue tal su éxito que llegó hasta los teatros de París, así como a otros de distintas capitales europeas. Incluso, en 1924 daría el salto a las Américas para actuar en EE.UU, Argentina, Venezuela o Cuba, entre otros. Tuvo grandes éxitos en los teatros de Nueva York, pero acabaría volviendo a España. Adoraba vestir de flamenca, un rol en el que se sentía cómodo. Además, según el propio Bries nadie lo igualaba en el papel de folclórica.       

Familia

En definitiva, estos tipos de locales no fueron solo lugares de alterne y antros de vicio y prostitución. Si no, que para muchos chicos fueron un apoyo y una familia, llegando a formar auténticas comunidades alrededor de estos locales. No quiere decir, que la prostitución fuese la mejor forma de vivir, ni mucho menos. Pero, no debemos olvidar, que vivieron en una sociedad que los repudiaba y rechazaba, por lo que estar con iguales les ayudó a tener una vida más reconfortante, si es que se podía.

Además, lugares como el Paresis Hall ayudaron a sociabilizar y reunirse a muchos hombres y jóvenes que tenían miedo a decir lo que eran realmente. Muchos de los chicos que frecuentaron el salón del Paresis, llegaron incluso a movilizarse y organizarse para crear el Cercle Hermaphroditos, por lo que podemos decir que fueron más que burdeles o simples prostíbulos. Fueron comunidades, familia y sobre todo, hogares para muchos de estos chicos que se sentían incomprendidos por la sociedad.       

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