La homosexualidad en la Antigüedad: Grecia

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La homosexualidad en la Antigüedad: Grecia. Originalmente en la Grecia Clásica, las relaciones homosexuales quedaban dentro del ámbito militar o aristocrático. Fuera de eso, los que eran penetrados podían llegar a ser marginados y repudiados. Las mujeres, esclavos y personas de baja jerarquía corrían el riesgo de ser parias si se descubría su actividad.

En cuanto a la “pederastia” en la Antigua Grecia, muchos expertos apuntan a que era una institución educativa. Dichas “tutorías” iban desde los primeros años escolares de los niños, hasta sus inicios como ciudadanos. Eso sí, sabemos que no se dio en todas las polis este tipo de educación, sino que existieron ciudades donde su alto grado de belicismo provocó que se asignaran adultos, como instructores de niños de 12 años. Ciudades como Esparta o Tebas son un ejemplo de este tipo de actividades. La homosexualidad en la Antigüedad: Grecia.

Esta última, tenía el ejército más temido del Hélade, el “Batallón Sagrado de Tebas” formado por parejas de erastés (amantes) y erómenos (amados). Los erastés eran hombre de entre 25 a 30 años, mientras que los erómenos rondaban entre los 16 a 20 años. La misión de los primeros era la de dar formación militar, así como educación y manutención a los erómenos. Este cuerpo de élite llegó a estar formado por hasta 150 parejas. Todos ellos pronunciaban unos votos sagrados (de ahí el nombre del batallón “sagrado”) de amor, protección y unión hasta la muerte. El ritual se realizaba en el santuario en honor a Iolaus o Yolao (supuesto amante del semidios Heracles) situado en Tebas.  La homosexualidad en la Antigüedad: Grecia.

Esto provocaba que no solo luchasen por su patria, sino que combatiesen por defender la vida de sus parejas y amantes. Durante mucho tiempo, fueron considerados imbatibles por sus enemigos. La hegemonía de este sagrado ejercito duró 33 años, durante los cuales lucharon en innumerables batallas, llegando a desplazar a los espartanos en el panorama militar. Su debacle llegó de la mano de Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro, futuro Alejandro Magno. De sobra es conocida la historia de Alejandro Magno y su inseparable amigo Hefestión. Muchos creen que el ideal de amor para este gran emperador fue el de los míticos Herakles y Aquiles. No era de extrañar, para muchos griegos el amor puro era entre hombres, mientras que el de la mujer era pasional y enloquecedor. La homosexualidad en la Antigüedad: Grecia.

Leónidas en las Termópilas de Jaques-Louis Daniel, 1814. Museo del Louvre

Parte de esta idealización proviene también de la mitología y la religión griega. La bisexualidad estaba muy presente en el mundo grecorromano. Algunos de sus grandes dioses amaban a hombres y mujeres por igual. No debemos olvidar, que la concepción de la sexualidad es algo mucho más reciente. En épocas antiguas, no se etiquetaba a la gente, como “homosexual”, “bisexual” o “heterosexual”.

Además, sus grandes dioses Zeus, Poseidón, Hermes, Apolo o Heracles, entre otros, tuvieron amantes masculinos. Este hecho provocó una naturalización de las relaciones homosexuales hasta tal punto que en muchas polis fueron aceptadas y veneradas como sucedió en Tebas. Famosos son los mitos donde Zeus rapta a jovencitos como Ganímedes para llevárselos con él, o el amor de Poseidón por el joven Pélope, del cual nace el nombre de la península del Peloponeso. E incluso, el famoso Heracles, tan relacionado con Cádiz tuvo sus escarceos amorosos con chicos, los más destacados fueron Abdero, Hylas y Yolao. Sin olvidar, el mito del amor frustrado entre Apolo y Jacinto, el cual ha sido representado hasta la saciedad por muchos pintores.    

Zeus cortejando a Ganimedes en cerámica griega

El panteón griego fue tan extenso que tuvo deidades patronas de las relaciones homosexuales. Los dioses Anteros y Eros (o Cupido para muchos) fueron los dioses del amor. El primero, nació como compensación al amor sexual de Eros. Anteros promovía el amor correspondido y vengaba a los que no lo eran. Aunque, sobre todo vengaba aquellos amores entre hombres que no eran correspondidos. Por su parte, Eros fue el dios griego del amor, ostentó el título de patrón de las relaciones pasionales y sexuales entre hombres y mujeres. Pero, mayormente promulgó las relaciones entre hombres adultos y adolescentes. Eros representaba el flechazo unilateral, el impulso más primitivo de amar y sobre todo el de la atracción erótica y homoerótica.

No debemos olvidarnos de los dioses andrógenos del panteón griego. Agdistis, Hermafrodito o Afrodito fueron deidades adoradas en todo el Hélade. Agdistis nació con genitales masculinos y femeninos, aunque fue castrado para que fuese únicamente mujer. Afrodito por su parte, fue una deidad adorada en Chipre que se caracterizó por tener pechos femeninos y genitales masculinos. Su culto llegó a propagarse por toda Asia. Mientras que, Hermafrodito fue hijo de los dioses Afrodita y Hermes. Según el mito, el joven viajó hasta Asia donde se bañó en un pozo custodiado por la ninfa Salmacis. Ésta quedó prendada del joven, el cual la rechazó en múltiples ocasiones. La ninfa desesperada rogó a los dioses unirse al joven para toda la eternidad. Los dioses la escucharon e hicieron su deseo realidad, fusionando a los dos en un mismo ser. Desde ese momento el joven tendría órganos sexuales femeninos y masculinos.

Eros y Anteros de Sebastiano Ricci (1707)

Grecia fue una de las cunas de la civilización, trajo la democracia al mundo, pero también la libertad sexual y el amor puro. Sus dioses fueron clara representación de su mundo. Vengativos, pasionales, fogosos y sin reparos a la hora de amar. Siglos después, hemos retrocedido, catalogando y etiquetando a todos por su sexualidad y su forma de amar.

 

 

Bibliografía

Kover, K.J. (2008): Homosexualidad en Grecia. El cobre editorial. Barcelona.

Martos, J.F. (s,f): Homosexualidad femenina en Grecia y Roma. Universidad de Málaga.

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