“Pues a mi Santi Abascal me pone”.

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Reflexiones de La Ninfa

Hoy me asomo a vuestra ventana de nuevo. Sé que nadie ha notado mi ausencia por estos lares porque mis compañeros que son los estudiosos os han traído unos artículos que… canelita en rama.

Yo he estado todo este tiempo haciendo un estudio estadístico y de campo (ayer, pero he tenido que hacer cosas “dejarme viví”) sobre los gustos de mis amigos.

Pero no hablo de gustos tipo, sabor de helado, color favorito no… las noches de alcohol son muy malas y claro, salen temas a la palestra. Pues no sé cómo ni por qué salió el tema político. Y media anti covid arriba, medida abajo dijo uno “pues a mi Santi Abascal me pone”. Paren el mundo que me bajo. Pero es que no fue el único. De pronto empiezan a contestar todos que parecían el coro de Juan Antonio Canta diciendo “a mi también” “Oye pues sí ¿eh?” Pero cómo que sí cariña. Pues sí.

Y es que ya que estaba pregunté, no solo a ellos, a unos cuantos más qué le ven a este patriota para que sea el foco de tantas miradas. Primero que todo el puesto se lo disputa fuertemente nuestro presidente Pedro Sánchez. Pero es que Sánchez es el Brad Pitt de la política, nunca lo vas a ver mal. Ni un pelo mal puesto, ni un botón desabrochado. Él es guapo y lo sabe.

Lo que me recalcaron todos de Santiago Abascal fue su aspecto. Esas barbas, ese porte de caballero. Y que a todos nos gusta un reto, él es como el paradigma de los hetero y claro, aquí hay quien piensa que es porque nunca ha probado el bacalao tostao’. Es el papi que todos quieren tener.  Sin duda es todo un ejemplo de caballero español (español de España).

Resumiendo: el morbo de lo prohibido. Que nos lleva a todas por caminos extraños. Una cosa es que te guste la apariencia física de una persona y otra que te guste cómo piensa. Hay que hacer un gran ejercicio de abstracción para separar el cuerpo del personaje. Y el poder, lo dominante les va a mis panas.

Pues nada más que era pa’ eso. Esta sección no tiene color político, solo el sonido de las risas de los que no leen. Porque no está la vida para enfadarse ni para las malas vibras, de eso ya tenemos bastante en nuestro día a día.

Hasta que nos volvamos a ver chiquis, ponerse la mascarilla y “reírse” mucho, que eso aún no cuesta dinero.

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